
Era una buena noche para acercarse al Bernabéu. Más que a ver fútbol, a descargar tensión, adrenalina. Que se acaban las vacaciones; pitas a Robinho. Que tú te quedas y tu vecino se marcha; pitas a Robinho. Era la consigna: pitar al díscolo Robinho. Pero el enfado se tornó en alegría e incredulidad. La épica de décadas pasadas regresó al Bernabéu en una segunda parte
Vía: Enchilame